A estas alturas, escuchar de un enfrentamiento en el Medio Oriente o un ataque terrorista en territorio de Afganistán, ya nos es común y por lo tanto, nos hemos vuelto indiferentes ante esta realidad. Y es que casi todos los días los noticieros brindan una mala noticia sobre lo que se vive en estas tierras. Lo raro o novedoso sería que dos presidentes hayan firmado un acuerdo de paz o que terroristas se entreguen a la justicia.
Para la gran mayoría esto es realmente una utopía. La situación de países como Irak, Irán, Israel o Palestina, cada día es más preocupante. Nos encontramos en pleno siglo XXI, en un mundo globalizado, con un gran desarrollo tecnológico, y a pesar de eso, los conflictos y disputas siguen existiendo igual que hace 50 años. Aunque antes no existían los ataques tan violentos como los de ahora.
Quizá no hemos sido testigos directos de una realidad como esa, pero la televisión se ha encargado de mostrarnos las imágenes de desolación y angustia que viven cada uno de los habitantes de esas regiones. Sin estar allí podemos darnos cuenta que es realmente terrible vivir en medio de explosivos, terroristas y ataques suicidas. Nadie quisiera pasar por esa situación, pero ellos no tienen otra salida, deben permanecer en su tierra.
El pasado fin de semana, un nuevo ataque suicida se produjo en la ciudad de Kabul. Esta vez, el resultado fue de 30 personas muertas y 29 resultaron heridas. El ataque fue a un autobús del ejército, pero también se encontraban personas civiles y estas resultaron afectadas de todos modos. Lo más increíble es que existan personas que se presten a estas acciones y sean utilizadas en ataques suicidas.
En la mayoría de casos, el que ataca también muere o queda muy mal herido, pero, al parecer, eso no les importa a este tipo de personas. Sólo desean cumplir la tarea que les ha sido encomendada, no piensan en su propia vida y peor aún, en la de su prójimo. Inclusive, para muchos es un honor morir de esa manera, ya que de acuerdo a sus creencias o ideología, son vistos como héroes.
Por ello, debemos analizar la salud mental de cada una de estas personas, ya que puede existir un desequilibrio o algo parecido. Aunque claro, también existen personas que cometen estos actos por interés o dinero, es decir, saben bien lo que están haciendo y sus consecuencias. Por si fuera poco, a cuatro días de este ataque, en la misma ciudad, ahora un autobús de la policía sufrió un ataque.
Lo más lamentable es que dos niños que no tienen la culpa de nada murieron tras esta tragedia. En total se registraron doce muertos y siete heridos, entre personas civiles y policiales. El agresor viajaba en el coche e hizo explotar la bomba antes de que las autoridades lo detuvieran. Esa es la principal estrategia que utilizan estos terroristas, aparentar ser una persona civil o militar, para luego atacar el lugar donde se encuentran.
La capital afgana sufre nuevamente por estas pérdidas. Pero, cuántos ataques como estos tendrán que ocurrir para que las autoridades ubiquen a los responsables y peleen por una paz definitiva. No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que mientras más muertes se produzcan en esta región, serán muy pocos los que se animen a visitarlas, ya que el miedo y temor invadirá por completo sus vidas.
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